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Yodo: Su importancia en la dieta

Cuando hablamos del yodo es muy común que nos venga a la mente la solución que nos ayuda a curar heridas, o un componente de la sal. Pero este elemento químico es mucho más.

La Dra. Irene César Suárez nos explica, en la Unidad de Endocrinología y Nutrición de Clínica Omega Zeta, experta en medicina integrativa en Barcelona, qué es el yodo, cuáles son sus funciones, propiedades y beneficios y qué alimentos lo presentan más allá de la sal.

¿Qué es el yodo y qué funciones tiene en nuestro organismo?

El yodo es un elemento descubierto en 1811 por el químico Bernard Courtois, que lo observó en cenizas de algas marinas. El nombre de “yodo”, que le fue otorgado por Gay Lussac, hace referencia a su color violeta cuando se calienta.

Este mineral es necesario para el cuerpo, entre otras cosas, para producir hormonas tiroideas que controlan el metabolismo, obteniendo la energía necesaria para que se puedan dar muchas funciones corporales tales como:

  • Facilitar el crecimiento.
  • Intervenir en procesos neuromusculares.
  • Contribuir a la quema del exceso de grasa.
  • Participar en el desarrollo óseo y cerebral.
  • Participar en el funcionamiento celular.

El yodo es un nutriente muy importante en todos los casos y la cantidad necesaria de consumo de éste depende de factores como la edad, sin embargo, debido a sus funciones es especialmente importante para mujeres embarazadas, bebés y niños.

También es fundamental que las personas veganas se suplementen con este mineral debido a que no consumen muchos de los alimentos ricos en él.

Propiedades y beneficios del yodo

Además de las funciones corporales en las que hemos comentado que participa, el yodo cuenta con otros beneficios para nuestra salud tales como:

  • Previene enfermedades cardíacas y regula la presión arterial.
  • Mejora la libido y la función reproductiva.
  • Nutre el cabello y lo mantiene saludable.
  • Cura heridas, regenera la piel, reduce el acné, controla el proceso de formación de arrugas y evita que la piel se reseque y se muestre áspera.
  • Igual que sucede con la piel y el cabello, el yodo también mejora la salud de las uñas. El yodo ayuda a reforzar las uñas y hacer que presenten un buen crecimiento y aspecto.
  • Contribuye a la excreción de productos de desecho y tóxicos como el mercurio, el plomo o el flúor.

¿Qué otros alimentos lo contienen más allá de la sal?

Aunque el alimento más conocido que posee yodo es la sal, no toda la sal lo contiene, por ello es importante tomar sal yodada o sal marina.

Además, los alimentos con más aporte de yodo son los pescados (como el bacalao y el atún) y mariscos, sin embargo, existen otros ricos en este elemento, tales como:

  • Algas.
  • Leche y lácteos.
  • Frutas y verduras como el ajo, el rábano o la cebolla.
  • Setas.

Por otra parte, algunos alimentos dificultan la absorción de este elemento e interfieren en la forma que el organismo lo utiliza. Estos alimentos son los denominados bociógenos tales como:

  • Soja.
  • Coles.
  • Nabos.
  • Repollo.
  • Brócoli.
  • Coliflor.
  • Col de Bruselas.
  • Legumbres.
  • Mostaza.

¿Qué puede ocurrir si hay un déficit o un exceso de yodo?

Como hemos mostrado, el yodo tiene ciertos beneficios, por lo que si no consumimos suficiente yodo podemos padecer problemas como:

  • Desajustes hormonales.
  • Cretinismo en niños (retrasos en el desarrollo físico y mental).
  • Menor deseo sexual.
  • Alopecia y cabello débil.
  • Uñas quebradizas.
  • Cansancio, somnolencia y desgana.

Por el contrario, un exceso de su consumo puede generar hipertiroidismo, que produzca nerviosismo, problemas cardíacos, adelgazamiento, etc.

Si precisáis de mayor información acerca de cómo cuidar vuestra salud correctamente, os invitamos a seguir los artículos de nuestro blog, consultar nuestras áreas terapéuticas, o poneros en contacto con nosotros sin compromiso.

Nacida en Sabadell, Barcelona, la Dra. Irene César Suárez es licenciada en Medicina por la Universidad de Barcelona. Actualmente, se dedica a la docencia y a la medicina integrativa en la Clínica Omega Zeta (tratamiento especializado en obesidad y sobrepeso, medicina ortomolecular, nutrición y dietética, manejo y valoración de microbiota intestinal y médico prescriptor Pronokal-Diaprokal).
Formación académica: especialidad universitaria en Nutrición en patologías de gran prevalencia, Máster en Nutrición Ortomolecular y micronutrición, graduada en Naturopatía, Diplomada en manejo y valoración de la Microbiota basado en evidencia científica, Medicina Biorreguladora y Especialidad en Obesidad por el Instituto de Ciencias de Nutrición y Salud.
Lleva 23 años como profesora en CENAC, actualmente grado propio de la Universidad Europea del Atlántico (UNEA), impartiendo asignaturas de fisiopatología, bioquímica, casos clínicos, conocimiento aplicativo, dietoterapia, bromatología y nutrición, entre otras.
Dra. Irene Cesar Suarez
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