vivir en estado de supervivencia

Vivir en estado de supervivencia

Actualmente, a pesar de que la medicina cada vez está más avanzada y el ser humano cuenta con menor cantidad de amenazas externas, las enfermedades de difícil diagnóstico como el cáncer, las patologías degenerativas, las intolerancias, los problemas psicológicos, la infertilidad, las cardiopatías o la fatiga son cada vez más frecuentes. Nuestro estilo de vida, a pesar de ser cada vez más cómodo, está condicionado por un factor negativo y continuo, el estrés, el cual nos hace vivir en estado de supervivencia y nos induce a enfermar.

La Dra. Bejarano nos explica en nuestra Unidad de Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de Clínica Omega Zeta, expertos en medicina integrativa en Barcelona, por qué podemos vivir en estado de supervivencia constante y cómo esto puede afectar a nuestra salud.

La importancia de la epigenética

Desde que Watson y Crick descubrieron en 1970 el ADN, se ha considerado que los genes determinaban no solo nuestra  herencia, salud y personalidad, si no también nuestro destino, al ligarse este a los factores anteriormente mencionados.

Al descubrirse el genoma humano, se observó que no se producía una determinación mediante la expresión de solo nuestros 23688 genes, si no que se realizaban encendidas y apagadas variables de estos que producían miles de combinaciones.

La epigenética, que significa “por encima de los genes” muestra así que no todo depende de los genes que tenemos, de forma determinista, si no que existe la posibilidad de cambiar nuestro destino genético actuando sobre estas combinaciones.

El estrés y el estado de supervivencia

Uno de los factores que puede producir cambios epigenéticos es el estrés, puesto que produce un desequilibrio en nuestro cuerpo.

Ya sea físico (traumatismos), químico (toxinas) o emocional (sentimientos negativos), el estrés desencadena una cascada de reacciones químicas como respuesta.

A pesar de que en la actualidad el hombre ya no cuenta con depredadores ni con enfrentamientos como los de antes, cada día existen pequeñas pero constantes situaciones que pueden hacer que nuestro cuerpo esté alerta, lo mismo ocurre si pensamos en el pasado (repetimos la misma situación bioquímica) o presentamos ansiedad acerca del futuro.

Cuando nos sentimos amenazados, nuestro sistema nervioso simpático, el más primitivo, moviliza gran cantidad de energía para responder al efecto estresante: Se nos dilatan las pupilas para que veamos mejor, el ritmo cardíaco y la respiración se vuelven más rápidos para poder huir, se libera glucosa, cortisol y adrenalina para aportar energía a las células de todo el cuerpo.

Durante este estado, todos los recursos del cuerpo se limitan a velar por la supervivencia por lo que las células de nuestro cuerpo dejan de trabajar en otros propósitos como el crecimiento, la reparación o la regeneración celular.

¿Qué sucede si el estrés se cronifica y vivimos en un estado de supervivencia constante?

Cuando la sensación de amenaza cesa el cuerpo vuelve al equilibrio, recupera la homeóstasis y regula su bioquímica y energía. Sin embargo, si el factor estresante permanece en el tiempo, el cuerpo no puede bajar el estado de alerta y deja de utilizar recursos para cuidarse, solo sobrevive. Los sistemas dejan de cooperar y enfermamos.

La medicina integrativa como opción para reconducir el estado de supervivencia

Teniendo en cuenta que el estrés es un factor que puede incidir en la manifestación de nuestros genes, surge la pregunta, ¿y si cambiásemos nuestros pensamientos y emociones, no podríamos reestablecer nuestra salud y dejar de vivir en estado de supervivencia?

A través de la meditación, el yoga o el mindfulness, trabajando en nuestra parte energética, pero también cuidando nuestro cuerpo mediante la alimentación y otras terapias podremos aprender a gestionar estas amenazas de manera distinta para así evitar desenlaces patológicos.

Si precisas de mayor información no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Dra. Elena Bejarano

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