Por el ‘renacimiento’ de la medicina basada en la evidencia

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Aunque el paradigma de la medicina basada en la evidencia -traducción al castellano del “evidence based medicine” original, es decir, la sistemática recopilación, síntesis y aplicación de evidencias empíricas cualitativas- ha resultado desde sus inicios, hace ya más de 20 años, muy beneficiosa, también es cierto que ha acarreado algunas consecuencias negativas no deseadas y que tampoco ha resuelto algunos de los problemas que se proponía abordar, como es el caso de la existencia de sesgos o la influencia de intereses creados en el proceso. Es necesario, pues, focalizar los esfuerzos de la comunidad médica en el establecimiento de evidencias a partir tanto del contexto real como de la experiencia de los profesionales al cargo, con el fin de que cada paciente reciba el tratamiento óptimo. Así lo ponen de manifiesto los académicos Trisha Greenhalgh, Jeremy Howick y Neal Maskrey, miembros del Evidence Based Medicine Renaissance Group (Grupo para el Renacimiento de la Medicina Basada en la Evidencia, en castellano) en un ensayo publicado hace apenas tres semanas en el reputado British Medical Journal.

El texto científico pone de manifiesto también el hecho de que el complejo contexto de la asistencia sanitaria actual, en el que inciden variables políticas, económicas, tecnológicas y comerciales, ha tendido a manipular las evidencias a partir de datos relativos, estadísticas y falsas certezas de una manera cada vez más sutil y difícil de detectar. Por ejemplo, “un porcentaje significativo de los estudios que sobre un determinado fármaco […] han resultado negativos no se llegan a publicar nunca y algunas las bases de datos en las que se fundamentan las guías de práctica clínica contienen fallos muy graves”, lamenta el ensayo. Como consecuencia, los pacientes a menudo pueden encontrarse completamente desorientados -e incluso “tiranizados”, reza el estudio- en un mundo de protocolos algorítmicos, directivas verticales y porcentajes de población.

Esta situación ha llevado a sus detractores en la comunidad científica a tildar de modelo fracasado a la medicina basada en la evidencia. Pero, como dice el periodista especializado José Luis de la Serna en un artículo recientemente publicado en el diario El mundo, hay que reconocer que la medicina basada en la evidencia ha sido uno de los grandes avances que se han conseguido en las últimas décadas. Ha arrinconado, afortunadamente, la improvisación, el ‘a mi me va bien’ que han dicho muchos médicos durante demasiado tiempo […] y la arbitrariedad, y ha hecho avanzar a pasos de gigante algo tan importante como es el cuidado de la salud.” Por esta razón, el Evidence Based Medicine Renaissance Group reclama un retorno a los orígenes, a lo esencial: pruebas individualizadas, decisiones tomadas a partir de conversaciones propias de la relación humanística y profesional médico-paciente,… Para ello, todos los interesados -pacientes, médicos, profesionales al cargo de la realización de pruebas, educadores, representantes políticos, proveedores de fondos de investigación e investigadores de una amplia gama de disciplinas académicas- deben trabajar juntos. La idea no es nueva, ciertamente, pero se impone ahora darle un empujón definitivo a sus tesis para alcanzar un renacimiento real de la versión más empírica de la medicina.

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