La frustración

Las personas, encauzamos nuestro comportamiento hacia alcanzar la satisfacción de nuestros menesteres. Dicho comportamiento no es posible entenderlo en su complejidad sin tener en cuenta la insuficiencia como condición humana, por la cual dirigimos nuestra conducta hacía alcanzar lo que nos falta. A pesar de nuestro empeño no siempre es posible satisfacer todo lo que echamos de menos. Cualquiera que sea la causa que impida alcanzar lo deseado el resultado será la frustración, y la consiguiente respuesta emocional de rabia y tristeza por la decepción.

Cómo respondemos ante la frustración

La frustración, no obstante, se caracteriza por el esfuerzo de seguir intentándolo pues no en vano sigue faltando lo anhelado. Por lo tanto, la frustración por una parte, genera rabia y tristeza que según su intensidad pueden derivar en un conflicto emocional y, por la otra, alimenta el deseo de lo pretendido redoblando el empeño para obtenerlo.

Las experiencias frustrantes desde el punto de vista de la perseverancia traen consigo la energía necesaria para lanzar una y otra vez el deseo de alcanzar lo ansiado, de modo que sirven para sostener el deseo mientras este no se satisface. Pero a su vez dicha perseverancia puede presentar dificultades cuando la persona no sabe cómo hacer cuando se trata más bien de detener la acción emprendida, tomar un tiempo para mirar, reflexionar y descubrir hacía donde dirigir su acción y el modo de llevarla a cabo para introducir los cambios necesarios y, por supuesto, si vale la pena el nuevo intento o es más oportuno cesar en el empeño.

En el terreno de las relaciones humanas a menudo se plantea cómo arreglárselas para construir una relación de pareja, quizás una familia cuando se siente un gran deseo y al mismo tiempo el miedo a no lograrlo sobre todo cuando ya se ha pasado por varias frustraciones. La intensidad del deseo y la tendencia a la satisfacción inmediata intensifican las fantasías y no favorecen el proceder paso a paso sin avanzarse al acontecer cotidiano.

Debe tenerse en cuenta que evolutivamente la frustración implica a las relaciones más tempranas de un criatura humana con su madre y el entorno cercano. En esas relaciones tempranas se generan los primitivos modos de comportarse como el ataque o la huida que dan lugar a conductas agresivas o evitativas hacia quien se considera responsable de la frustración. Cuando a una criatura se le priva del objeto peligroso con el que está jugando, si se enfada y no atiende a razones puede responder con un manotazo o una patada acompañados de palabras nada cariñosas. Por otra parte, si por no querer frustrarle se le consiente demasiado es probable que aprenda a satisfacerse inmediatamente y no sepa cómo hacer cuando la única alternativa es esperar. Así mismo, también puede dar lugar, a comportamientos que agredan o eviten cualquier acercamiento a lo que ha producido la frustración o ante alguien que pueda recordársela.

Tanto el agredir (atacar) como el evitar (huir) aquello que nos ha producido la frustración son conductas emocionales reactivas, es decir, mecanismos defensivos que no abordan el conflicto psíquico subyacente. Son respuestas que consisten en defendernos de la ansiedad provocada al no alcanzar el logro. Esos mecanismos defensivos permanecen fijados hacia la situación frustrante y fomentan su repetición. Son modos de hacer inconscientes construidos en edades muy tempranas y cuando los llevamos a cabo no solemos darnos cuenta.

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Cómo tratar la frustración

Cuando nos esforzamos en obtener lo que pretendemos lo hacemos mediante sucesivos intentos. Si en cada nuevo intento repetimos el mismo modo de hacer, ataque o huida, entonces quiere decir que una modalidad de conducta quedo fijada. La repetición es lo que señala el camino para ir descubriendo un determinado modo de hacer que problematiza el cómo actuamos para conseguir lo deseado. Cuando alguien experimenta dificultades de comunicación con parejas distintas, su testimonio nos enseña el recorrido realizado para descubrir como lo hace y el deseo que lo impulsa. Ante una decepción amorosa por dificultades de comunicación, Anna, solía pensar que no había dado con la pareja adecuada y por consiguiente buscaba a otra que se acomodase mejor a sus expectativas pero de nuevo topaba con aprietos. Con la pareja actual, a pesar de reconocer que han mejorado la comunicación su experiencia sigue siendo frustrante al no conseguir lo esperado. ¿Qué espera? Espera que su chico le diga a menudo que la quiere pero esas palabras no llegan. ¿Qué le llega? Le llegan muestras de querer a través de pequeños y abundantes detalles pero a ella no le bastan, incluso a veces le sobran. Anna desea escuchar palabras de amor.

Anna descubrió su anhelo, le faltaban las palabras, de sus anteriores parejas las esperaba sin saberlo. Sólo sabía que le faltaba algo en la comunicación y concluía que no era la persona adecuada. Ese modo de pensar que le llevó a dar por terminadas tres relaciones anteriores perdió fuerza a medida que se fueron abriendo preguntas con las que Anna continuó trabajando sin cerrar toda posibilidad a la relación.

Las experiencias frustrantes hacen daño, más aun cuando se repiten bajo un mismo anhelo porque el dolor se intensifica al no hallar salida. Sin embargo, los nuevos intentos que caracterizan a la frustración ofrecen la oportunidad de aprender de las repeticiones. Cada nuevo intento permite descubrir paso a paso un modo de obrar singular a la vez que saber el significado de lo que se desea alcanzar.

Cómo pueden ayudar los familiares y personas cercanas

  • Interesándose por la vida interior de la persona escuchando lo que dice desde su subjetividad intentando no objetivar ni emitir juicios de valor aunque sean muy razonables.
  • Invitar a aceptar la responsabilidad de algún cambio con firmeza pero sin exigencia cuando la persona se encuentra ante la frustración
  • Ayudar a pedir ayuda profesional cuando el modo de hacer deriva hacia la frustración una y otra vez.

Abordaje profesional psicopedagógico

Ofrece un lugar donde depositar las frustraciones, las decepciones, el sufrimiento y obtener el tiempo y la ayuda profesional para desplegar los anhelos a la vez que poner a trabajar las repeticiones en los sucesivos intentos, tomándolas como oportunidades para saber cómo se desarrolla la acción otorgarle significado y descubrir otras modalidades con el fin de abrir nuevos caminos donde pueda circular el deseo.

El abordaje profesional, trata de que cada persona encuentre alguna manera de arreglárselas con lo que le hace sufrir y que aprenda a convivir con lo que se le escapa a su control aunque pertenezca a su intimidad.

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