La caspa, ese incómodo acompañante

caspa-2x9fdqqeiyzba2n07crvgg

Nuestra dermatóloga, la doctora Cristina Zemba analiza en su blog qué es la caspa y cómo tratarla:

La caspa es un motivo de consulta dermatológica muy frecuente: casi  la mitad de las personas pueden presentar o haber presentado caspa en algún momento de su vida. Este molesto invitado produce una descamación del cuero cabelludo que, por desgracia, se deja ver como nieve en los hombros, sobre todo con prendas oscuras, y que va acompañado de picor en grado variable.  Aparece después de la pubertad y afecta a hombres y mujeres por igual. Su principal diferencia con la dermatitis seborreica, de la que hablaremos en otro artículo, es que en la caspa el cuero cabelludo no está inflamado, mientras que en el caso de la dermatitis seborreica si lo está; puede incluso considerarse a la caspa como una hermana menor, más suave, de aquella.

¿Por qué se produce la caspa?

El consenso de la comunidad científica se centra en que la caspa se desarrolla debido a tres factores principales relacionados entre sí:

– La producción de sebo (grasa).

– La colonización del cuero cabelludo por una levadura llamada malassezia.

– La predisposición individual.

Las glándulas sebáceas maduran y producen mayor cantidad de grasa a partir de la pubertad, tanto en los hombres como en las mujeres. Por su parte, la levadura malassezia, un hongo, se alimenta de sebo, por lo que se encuentra muy a gusto en este entorno graso, aunque se trata de un microorganismo habitual, parte de la flora cutánea, que se encuentra tanto en cabezas sanas como con caspa. ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué algunos desarrollan caspa y otros no? Aquí entra en juego el tercer factor, la predisposición individual, la incógnita más difícil de explicar en la ecuación, ya que muchos factores pueden afectar la salud del cuero cabelludo, por ejemplo, el clima y los cambios de estación, los cambios hormonales o el tipo de colonización microbiana. La clave de esta predisposición puede ser buscada, en última instancia, en la capa córnea,  la capa más superficial de  piel que recubre el cuero cabelludo, ya que a ella se debe la formación de una barrera protectora contra los agentes externos –por ejemplo, los microbios, el estrés oxidativo, la radiación ultravioleta y los tóxicos ambientales– que mantiene la hidratación y la salud del cuero cabelludo. Así, en las personas con caspa esta barrera epidérmica está alterada.

Como en cualquier clima tropical, las condiciones de grasa y humedad de la cabeza son ideales para que crezca un gran número de microorganismos. Concretamente, la levadura malassezia digiere la grasa produciendo sustancias inflamatorias para la piel. Si la barrera epidérmica del cuero cabelludo está sana, la inflamación no llega a producirse, pues la descamación normal de la piel se produce de forma natural y controlada, sin hacerse visible, como sucede con la caspa.

Hay factores internos y externos que alteran la barrera epidérmica. Los factores internos son la alimentación y el estrés. Los externos, la temperatura y la baja humedad que permite que se reseque, tal como ocurre en invierno. Así pues, cuando la barrera está alterada los productos irritantes originados por la malassezia hacen su agosto y la piel, en vez de descamarse de forma invisible, empieza a hacerlo de forma evidente.

¿Cómo se trata la caspa?

Hay que utilizar champús especiales adaptados para esta situación, que contengan:

– detergentes suaves de pH neutro que no irriten aún más la piel,

– lípidos para restaurar la barrera cutánea, como el ácido esteárico y el ácido palmítico

– y componentes antimicrobianos y antifúngicos, como el ketoconazol, el zinc piritiona, el sulfato de selenio o la ciclopiroxolamina

Muy importante: la caspa no es contagiosa, puesto que el hongo es un habitante normal de la piel aun de personas que no tienen caspa.

Los nutrientes saludables para un cabello sano son la biotina, el ácido pantoténico, el zinc y el selenio. Estos dos últimos son eficaces también en forma de champús, por lo que es importante que nuestra alimentación no esté tampoco carente de ellos.

– Contienen zinc las ostras, las carnes rojas, el germen de trigo, la yema de huevo, las legumbres, los granos enteros, las nueces y las sardinas. Las frutas y verduras no son buenas fuentes porque el zinc de las proteínas vegetales es menos absorbible, por lo que las dietas vegetarianas tienden a ser bajas en este elemento y pueden requerir la utilización de suplementos alimenticios.

– Contienen selenio el pescado, el marisco, las carnes rojas, los granos enteros, los frutos secos, el huevo, el pollo y las verduras.

– La biotina y el ácido pantoténico pertenecen al grupo de las vitaminas B y podemos encontrarlas en los huevos, las nueces, los cereales integrales, las legumbres, el aguacate, la col y el brócoli.

Se trata por lo tanto de seguir unas pautas alimenticias saludables, comiendo bien y sano. Las comidas rápidas, los alimentos procesados y una dieta poco equilibrada no hacen sino agravar el problema. Hay que evitar, pues, un exceso de frituras, aderezos y mayonesas, grasas trans, alcohol, carbohidratos refinados y azúcares que pueden favorecer un aumento de la inflamación en general.

Es fundamental, en resumen, comer alimentos que tengan un valor nutricional real y cuánto más frescos mejor, además de cuidar el cabello con productos adecuados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *