¿Es el azúcar el nuevo tabaco?

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Os ofrecemos aquí traducido este interesante artículo escrito recientemente por Elizabeth Svoboda para la revista Men’s Journal, publicado también en la sección de «Vida sana» del Huffington Post:

«Usted sabía ya que tomar demasiada azúcar provocaba caries e, incluso, diabetes y a obesidad. Pero que podría también potenciar niveles de colesterol y presión arterial altos, enfermedades del corazón e, incluso, cáncer, ¿lo sabía? Ésa es la teoría de un grupo de médicos investigadores que argumentan que el azúcar actúa como una toxina en el cuerpo y que es responsable, no sólo de nuestras crecientes tasas de diabetes y obesidad, sino también del aumento de la incidencia de patologías cardíacas, cáncer y otras enfermedades crónicas. Así, el azúcar es hoy en día tan frecuente en los alimentos –no sólo en los productos en los que es obvio, como helados, galletas y refrescos, sino también en los percibidos como saludables, como galletas, barritas energéticas y aderezos para ensaladas– que estos expertos sostienen que la mayoría de la gente convive con niveles de sobrecarga tóxica.

«El azúcar representa la mayor crisis de salud pública de la historia de la humanidad», afirma Robert Lustig, endocrinólogo de la Universidad de California, en San Francisco (EEUU), cuyo discurso de 2009 «Azúcar: la amarga realidad» ha recibido más de 2,5 millones de visitas en YouTube. Asimismo, en un artículo de opinión publicado a principios de este año en la prestigiosa revista Nature, Lustig y sus colegas provocaron el debate entre la comunidad médica al declarar que el azúcar resulta tan dañino para las personas que debería estar regulado, como se hace con el alcohol o el tabaco. «Toda sustancia susceptible de abuso –la cocaína, la heroína… la que sea– requiere de una intervención personal o social», declara Lustig. «Pero para el azúcar no tenemos ninguna limitación, y mi previsión es que vamos a necesitarla de manera urgente.»

A primera vista, está cruzada anti-azúcar podría parecer alarmista, pero Lustig y sus colaboradores de la Universidad de California argumentan que el azúcar resulta dañino en cantidades significativas, y no necesariamente por su alto contenido calórico, sino porque provoca una cadena tóxica de reacciones en el cuerpo que producen como resultado grasas dañinas, hormonas y otros subproductos metabólicos.

Ciertamente, el azúcar se encuentra en casi todos los alimentos, excepto en la carne, el aceite y la mantequilla, pero hay una gran diferencia entre el azúcar que se encuentra naturalmente en los alimentos crudos, sin procesar, como frutas, verduras, leche y granos enteros, y el tipo agregado a los alimentos preparados o procesados. Los azúcares añadidos son todos los edulcorantes imaginables: azúcar blanco o moreno, jarabe de maíz alto en fructosa, dextrosa, miel, néctar de agave… Son estos extras los que los expertos señalan como la causa fundamental de nuestro problema con el azúcar, pues ésta se encuentra en cantidades elevadas ya en casi todos los alimentos que comemos, la mayoría de los cuales resultan también muy calóricos y carentes de nutrientes. «La naturaleza hizo el azúcar difícil de conseguir –escribieron Lustig y su equipo en Nature–, fue el hombre el que lo hizo fácil.»

De entre los diferentes tipos de azúcar, la fructosa es la que resulta la más perjudicial, según estos expertos. La fructosa se encuentra de forma natural en pequeñas cantidades en las frutas, pero se combina también con la glucosa (la otra molécula básica del azúcar) para producir casi cualquier tipo de edulcorante comercial, incluyendo el azúcar de mesa y el jarabe de maíz alto en fructosa. Pero, ¿por qué resulta tan perjudicial? La doctora Miriam Vos, gastroenteróloga de la Universidad de Emory, explica que porque «se metaboliza principalmente en el hígado», por lo que cuando se procesa se queda allí, dando lugar a la producción de las grasas en sangre llamadas triglicéridos dañinos.

Los azúcares que no contienen fructosa, por su parte, como la glucosa pura y el jarabe de maíz, son procesados por el hígado y luego enviados al torrente sanguíneo, según éste necesite combustible o no. Así pues, tome fructosa hasta conseguir los suficientes triglicéridos y el resultado será un hígado graso y resistencia a la insulina cuando el cuerpo no pueda producirla en suficiente cantidad para descomponer el azúcar que consume.

Los investigadores saben desde hace tiempo que la resistencia a la insulina puede conducir a un aumento de peso y a la diabetes. Más recientemente, sin embargo, han descubierto también que puede provocar enfermedades cardíacas, en parte debido a que comer demasiada azúcar suprime colesterol bueno, el HDL. Tomar demasiado azúcar de cualquier tipo también estar relacionado con el aumento de la presión arterial; sin embargo, el efecto es peor cuando la glucosa y la fructosa se consumen juntas, como es el caso del jarabe de maíz alto en fructosa y el azúcar blanco. Algunos investigadores sospechan que los efectos del azúcar sobre el metabolismo de la insulina pueden incluso causar cáncer o acelerar su evolución. «La historia del cáncer es muy corta –afirma Lustig– pero sabemos que el azúcar provoca la resistencia a la insulina, y que ésta favorece el cáncer.» Esta teoría afirma que los niveles altos de insulina provocan el crecimiento de tumores, pues ya en el laboratorio se ha comprobado que esta hormona estimula la reproducción de las células cancerosas.

Desafortunadamente, el deporte no te librará del todo de los efectos negativos del azúcar en el cuerpo; efectivamente, mejorará tus niveles de colesterol, pero, por lo general, no lo suficiente. «Aunque usted sea una persona delgada y activa, una dieta alta en azúcar seguirá siendo perjudicial para su salud», sentencia Vos. En el caso de que sea usted un deportista profesional, quizás no quiera cortar por completo con el azúcar, especialmente en épocas de entrenamiento especialmente duro. «Existen evidencias de que pequeñas cantidades de fructosa son buenas para los súper-atletas», afirma el Richard Johnson, nefrólogo de la Universidad de Colorado, pero sólo cuando el azúcar se consume en cantidades moderadas antes o después de momentos de intensa actividad.

Otros expertos defienden que el azúcar no supone una amenaza tan grande para nadie, desarrolle o no un ejercicio intenso, tal como Lustig y otros investigadores afirman. Es el caso del dr. David Katz, director del Centro de Investigación Preventiva de Yale, que, aunque reconoce que un exceso de azúcar no es bueno para nadie, señala que calificarlo de «veneno», como hace Lustig, va demasiado lejos, pues nuestro cuerpo la fabrica de forma natural como fuente de energía. «Esa noción de que el azúcar es tóxico es una tontería», zanja Katz. «Usted puede experimentar efectos terribles ante una dosis alta, pero ¿y qué?». Se muestra también escéptico ante los expertos que exigen la eliminación del azúcar de todos los productos. «Es exactamente el tipo de despilfarro alimentario en el que hemos estado empantanados durante décadas. Primero nos enamoramos de lo que tiene un bajo contenido de grasa y ahora lo hacemos del que lo tiene bajo en carbohidratos; pero si tomamos una decisión de este tipo, tendremos que mejorar nuestra nutrición en general. Es el clásico caso del árbol que no deja ver el bosque completo.»

En este sentido, aunque Katz está de acuerdo en que la mayoría de los estadounidenses probablemente tomen demasiado azúcar, no recomienda tampoco renunciar a las cosas dulces por completo, lo que puede tener como consecuencia atracones de otros alimentos como compensación. En su lugar, él y la mayoría de los nutricionistas aconsejan aprender a mantener el control sobre las cantidades ingeridas: nueve cucharaditas de azúcar diarias para los hombres y seis para las mujeres (una lata de refresco de cola ya tiene ocho) para cumplir con las recomendaciones de la Asociación Americana para el Corazón. Para poder controlar estos límites, la primera medida sería escanear las etiquetas nutricionales de los productos envasados que usted consume habitualmente durante al menos una semana. Sume entonces su ingesta diaria, teniendo en cuenta que 4gr de azúcar en la etiqueta de un alimento equivalen a una cucharadita de ella. Si supera el límite recomendado de forma regular –y la mayoría de nosotros lo hace–, empiece a sustituir los alimentos que no deben tener un sabor dulce, como galletas y aderezos para ensaladas, por alternativas con un bajo contenido de azúcar. Deshágase también de las bebidas azucaradas, como los refrescos e, incluso, los zumos de frutas industriales, pues ofrecen una cantidad condensada de fructosa sin la fibra y otros nutrientes saludables de la fruta real. Y, por último, priorice el consumo de alimentos integrales, sin envasar, que no contengan azúcares añadidos.»

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